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Investigación a bordo de El Puma (Enero/1998)

Cuatrocientas personas han viajado al espacio, pero sólo dos han descendido a la profundidad máxima oceánica, lo que da una idea de lo difícil que es explorar y conocer más acerca de estos cuerpos de agua. Pero hoy México se sitúa en un lugar privilegiado para el estudio de la ecología y explotación de sus mares ya que cuenta con uno de los cinco buques oceanográficos más avanzados del mundo.

Al cumplir 25 años de navegación el buque oceanográfico El Puma de la Universidad Nacional Autónoma de México fue sometido a un proceso de reparación, adecuaciones y equipamiento de punta por una suma que ronda los 50 millones de pesos. La tecnología de la que ahora dispone le posibilita realizar, además de una navegación más segura, realizar investigaciones de una envergadura y precisión mayores a la que muy pocas naciones pueden acceder.

La historia de El Puma que navega en el océano pacífico, y su gemelo, Justo Sierra, que lo hace en el golfo de México, inició a finales de los años setenta. Los especialistas del entonces Centro, y hoy Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM, llevaban a cabo sus estudios en embarcaciones internacionales o de la Armada de México, sin embargo esas opciones no cubrían por completo las necesidades científicas de la universidad.

�En ese entonces se contempló la necesidad de poseer un navío propio, pues se disponía ya de una cantidad y calidad de recursos humanos, como de proyectos de investigación que justificaban su adquisición� expuso en entrevista el director del ICML, doctor Adolfo Gracia Gasca.

El diseño fue realizado por especialistas universitarios y arquitectos navales mexicanos, cuyo fin era disponer de un barco versátil que permitiera realizar investigaciones multidisciplinarias y con suficiente autonomía en altamar, bajo ese esquema El Puma se armó en Noruega. Como la propuesta resulto exitosa en el mundo de estas naves se le conoció como Diseño Puma y fue un referente en la construcción de futuras embarcaciones oceanográficas.

El Puma tiene como misión investigar, descubrir y estudiar los secretos de la zona económica exclusiva correspondiente al Pacífico. Dispone de un muelle propio en Mazatlán, Sinaloa, navega 220 días al año y puede permanecer mar adentro por periodos de 30 días sin necesidad de repostar combustible y alimentos. Cuenta con 15 tripulantes y aloja a 20 científicos que reparten sus días en turnos de 4 horas de trabajo por ocho de descanso, pero este tiempo es ocupado frecuentemente para procesar parte de la información que recaban.

El arribo de El Puma en 1981 lo considera Gracia Gasca como un parteaguas en la investigación oceanográfica mexicana, pues no sólo alberga a científicos de la UNAM, sino también de otras entidades académicas y científicas nacionales e extranjeras, así como de empresas. El especialista señaló que casi 90 por ciento de la investigación de los mares y del 80 a 90 por ciento de la formación de los oceanógrafos mexicanos se han logrado con la participación de los proyectos que se realizan con el apoyo de ambos buques.

Entre las investigaciones realizadas en ellos, como aporte al conocimiento de los mares figuran cerca de mil 500 artículos científicos, el descubrimiento de 180 especies, y el hallazgo de los primeros nódulos de manganeso, un recurso mineral estratégico que espera la tecnología que haga posible su extracción. Figura también la detección de campos de hidratos de metano, que son acumulaciones de gas natural congelado de alto interés comercial. Se suma, además, la determinación de los patrones de circulación y corrientes.

Nuevos horizontes

Gracia Gasca refirió que al llegar El Puma a su vigésimo quinto aniversario, la UNAM se planteó la posibilidad de sustituirlo, pues en términos marítimos es ya una embarcación antigua, sobre todo por los efectos que tiene la corrosión en el metal del casco. Tras una evaluación se concluyó que el buque tenia mar por recorrer.

De este modo, uno de los primeros pasos del proceso de modernización fue sustituir algunos elementos estructurales y reacondicionar los camarotes. Posteriormente inició la instalación de la electrónica de navegación y científica.

Es en este rubro se realizó una de las más importantes adecuaciones al barco, con la instalación de una góndola de metal por abajo del casco que aloja los sensores de las ecosondas, entre otros dispositivos. Su diseño corrió a cargo de especialistas de la UNAM, junto con los proveedores de los equipos, y su instalación se llevó acabo en los astilleros de la Secretaria de Marina. Entre los retos se superó que los añadidos no disminuyeran la velocidad de la nave, ni comprometiera su equilibrio. Mas también fue necesario atravesar un tanque de combustible con un conducto por el cual se dio paso a un kilómetro de cables que conecta a la góndola con la sala de cómputo.

Entre los novedosos equipos de El Puma figura una ecosonda que obtiene información tridimensional del fondo marino a profundidades de cinco mil metros y será útil para determinar la extensión y orografía de la zona económica exclusiva del país. Otra ecosonda permitirá conocer la real profundidad marina, esencial para el muestreo biológico del lecho del mismo.

También se hallan unas serie de sensores que al medir parámetros como oxígeno, presión, conductividad, pH, fluorescencia, brindaran información para entender el ecosistema en que viven los organismos en la llamada columna de agua que es el espacio que existe entre la superficie y el lecho del mar. Otro dispositivo añadido es un sonar de última generación que contribuirá a caracterizar diversos hábitats y evaluará recursos pesqueros.

A bordo se cuenta además con un vehículo de operación remota (ROV, por sus siglas en inglés), que es un pequeño submarino que alcanza profundidades de un kilómetro y medio. Es operado a control remoto por medio de fibra óptica y una palanca parecida a la de los videojuegos (joystick). Dispone de una cámara de vídeo a color y otra en blanco y negro, y a través de un brazo mecánico se realiza la toma de muestras.

En cuanto a la navegación, El Puma está ahora equipado con un piloto automático y un llamado gyro compas que le posibilita permanecer en una misma posición sin necesidad de estar anclado o bien mantener una ruta sin desviarse por oleaje o viento. Para su seguridad se le instaló un sistema de identificación y comunicación bidireccional que emite una señal vía satélite en caso de emergencia. En materia de comunicaciones, una antena satelital que permite tener contacto las 24 horas con el Instituto, ubicado en la Ciudad Universitaria, Distrito Federal.

Por la infraestructura que requiere la investigación oceanográfica resulta costosa, pero es más costoso no hacerla, afirmó Gracia Gasca. Ahora, subrayó, el potencial de investigación se multiplicará y se dispone ya de una lista de nuevos proyectos científicos que buscan hacer uso del nuevo equipamiento, entre ellos figura la búsqueda de un sistema geotérmico para desalar agua de mar, investigación que se enmarca en los macroproyectos de la UNAM. En este proyecto se pretende conocer la factibilidad de utilizar unas ventilas hidrotermales (escapes del lecho marino de agua a altas temperaturas) descubiertas por el navío en el mar de Cortés como fuente de energía para potabilizar el agua de mar.

El Instituto de Ciencias del Mar y Limnología recibe anualmente cerca de 25 proyectos de investigación, los cuales son evaluados por un cuerpo colegiado de especialistas de la UNAM y externos. Esta selección obedece a que la renta del barco es muy costosa, y hay proyectos que no requieren una nave de esta envergadura para llevarse a cabo. No obstante, siempre buscamos darles acomodo con otras expediciones aprobadas, indicó Gracia Gasca.

Refirió que desde el inició de sus operaciones El Puma y el Justo Sierra han sido utilizado por diversas entidades de investigación nacionales, pero reconoce que las solicitudes han disminuido por el costo de los servicios. Asimismo, también ha sido alquilada con fines científicos por empresas como Petróleos Mexicanos, Telmex, Shell, Batelle, Repsol YPF y AGO Schlumberger, entre otras.

Por último informó que el barco Justo Sierra que opera en el Golfo de México, también será modernizado con una inversión de poco más de 30 millones de pesos, se estima que su renovación científica y tecnológica sea concluida a mediados del 2007.

Eduardo González

 

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