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Periodismo de Ciencia y Tecnología. Agosto 2001 

 

La apuesta por el conocimiento

 

* Doctor Pablo Rudomín Zevnovaty

Como nunca antes, el crecimiento sustentable de cualquier nación depende del uso de la ciencia y la tecnología (CyT), y en las grandes potencias ya juegan un papel fundamental en el desarrollo social, productivo, educativo, en la generación de energía, creación de infraestructura, medio ambiente, sistemas de comunicación, en la salud y seguridad social, así como en la creación de empleos, comercio e inversión.

No es aventurado decir que los países que basen su estrategia de desarrollo en la generación y aplicación de la CyT serán exitosos en el siglo XXI, y los que así no lo hicieren mantendrán su condición de exportadores de materias primas y de proveedores de mano de obra barata, sin poder asegurar un mínimo de bienestar a todos sus habitantes.

Una serie de indicadores muestran la importancia creciente que el conocimiento juega en las economías avanzadas. Por ejemplo, algunos estudios hechos por la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCED) indican que en los países desarrollados se están haciendo inversiones cada vez más importantes en educación, software, investigación y desarrollo (ID), tecnologías de información y en comunicaciones. Por otro lado, el sistema productivo mexicano se caracteriza por la escasa demanda de conocimiento científico, técnico y tecnológico, que lo hace dependiente del conocimiento generado en otras naciones.

La modernización del aparato productivo nacional se ha basado en la importación de tecnologías, con la consecuente inhibición de la creatividad e innovación nacional. Muy pocas empresas tienen programas de ID y existe una desvinculación entre los sectores productivos y los centros de investigación, así como una falta de capacidad y apoyo a las firmas de ingeniería y consultoría. Asimismo, existe poca actividad de investigación en la iniciativa privada y una escasez de recurso humanos dedicados a esta actividad.

Vital comprender la necesidad de invertir

En las empresas donde hay labor de investigación y desarrollo tecnológico, los problemas que se abordan generalmente son los de corto plazo o inmediatos. No existe una comprensión sobre la importancia de la inversión en ID, así como de la alta rentabilidad que la actividad tiene en el mundo de los negocios.

Por otro lado, México ocupa el último lugar en materia de CyT entre 46 países, a pesar de que su economía está ubicada en el lugar 14. Según datos de 1999, nuestro país dedicó el 0.37 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a ID, mientras que Chile dedicó el 0.66, España el 0.86 y Brasil el 1.23 por ciento. Esto corresponde a 12.6 dólares per cápita en el caso de México, 31.5 en el caso de Chile, 56.3 en el de Brasil y 131.6 en el de España.

El balance entre el financiamiento público y privado también difiere considerablemente en Irlanda, Japón y Corea, donde 78 por ciento es financiado por las empresas y 20 restante por el gobierno. En México, 67 por ciento proviene de aportes gubernamentales y 19 por ciento de la iniciativa privada. En Brasil 57 por ciento es aportado por el gobierno y 40 por ciento por el sector productivo, mientras que en España 48 por ciento lo aporta el gobierno y 45 por ciento las empresas.

Las industrias que han comprendido cabalmente la importancia de invertir en investigación y desarrollo, tienden a focalizar y mantener un control sobre su conocimiento. Estas empresas se han integrado en redes que lo venden y lo compran. Entre 1991 y 1999, el valor global del intercambio pasó de 85 millones a 558 mil millones de dólares.

El desarrollo de este conocimiento se realiza cada día sobre la base de alianzas estratégicas tanto nacionales como internacionales, por lo que deben generarse redes para crear condiciones de innovación y generación de conocimientos. Como consecuencia de estas alianzas más del 30 por ciento de todas las publicaciones científicas de los países pertenecientes a la OCED fueron productos de una colaboración internacional.

Las reglas que gobiernan la relación ciencia-industria se están modificando, por lo que algunos países en desarrollo ya están estableciendo centros de excelencia, lo que les está ayudando a crear y difundir conocimiento, así como generar el núcleo de redes de innovación. Paralelamente, están llevando adelante reformas universitarias para otorgar mayor autonomía, más competitividad y financiamiento basado en la productividad y en la comercialización de los resultados de la investigación pública.

En este contexto, resulta de gran importancia que en México podamos adecuar los mecanismos de fomento para que el sector productivo participe de una manera decidida en el proceso de investigación y desarrollo nacional, además de apoyarles a comprender mejor el proceso de la innovación, el cual se ha vuelto un elemento sustantivo del mercado.

Asimismo, las restricciones en financiamiento público han obligado a las universidades y centros de investigación de muchos países a establecer ligas directas con la industria, con lo cual ambas partes se han beneficiado de dicha interacción. De ahí que en México se tiene que insistir en la creación de centros de investigación en el sector productivo, con una participación decidida de grupos empresariales, cámaras y gobiernos estatales. La alianza entre estos es muy importante para promover la descentralización y atender los problemas mediante el fortalecimiento de las capacidades regionales y sectoriales.

Estímulos y financiamiento

En consecuencia, debemos formular y promover estímulos apropiados y esquemas de financiamiento para inducir al sector empresarial a invertir en proyectos y programas de ID. Adicionalmente, estructurar un marco jurídico integral, acorde a los nuevos requerimientos de la innovación, el desarrollo tecnológico y científico. La Ley de Fomento para la Investigación Científica y Tecnológica, aprobada en 1999, debe jugar un papel esencial en esta materia, en la medida que se generen los instrumentos y mecanismos necesarios para alcanzar los objetivos ahí planteados. Ella contempla la introducción de una serie de medidas para fortalecer los lazos entre la ciencia y la industria, fomentar la competitividad, creación de redes de investigación, así como incrementar y facilitar la retroalimentación a la inversión en ID.

Los actuales mecanismos de financiamiento a la investigación e innovación tecnológica son tan complejos y burocráticos que no se utilizan. Debemos establecer mecanismos ágiles de apoyo al sector productivo que se basen en la confianza y la generación de sinergias entre las empresas y los centros de ID. La calidad de los créditos preferenciales no debe basarse sólo en los aspectos de tasas subsidiadas, sino que debe contemplar plazos mayores para el pago, apoyo y asistencia técnica.

Por otro lado, es necesario que la banca de desarrollo retome su papel de emprendedora. Los empresarios deben crear uniones de crédito o fondos especiales de financiamiento para este tipo de proyectos, empezando por aquellas ramas donde es más factible invertir. Estos esfuerzos de desburocratización y simplificación administrativa también deben aplicarse a las líneas de crédito que otorga la banca internacional.

Todos estos elementos deben estar claramente inscritos en el marco de los objetivos y estrategias de política económica e industrial, así como en la de fomento a la investigación científica y tecnológica si se quiere generar un efecto positivo. En muchas ocasiones, esa falta de coherencia ha llevado a grandes fracasos.

Definir la demanda del conocimiento

Es necesario trabajar del lado de la demanda de conocimiento, para identificar las necesidades del mismo. Se debe apoyar al sector productivo en metodologías para la definición de dicha demanda y en la organización de programas y proyectos específicos para satisfacerla. El sector productivo debe conocer las capacidades nacionales y las posibilidades de asociación con centros de ID, así como el valor de las alianzas estratégicas entre las propias empresas.

Los mecanismos de financiamiento y estímulos fiscales no deben verse de una manera aislada, sino formando parte de un sistema, en donde estos dos componentes sean importantes para la generación y aplicación del conocimiento como base del desarrollo social y económico. Para incrementar el desarrollo y aplicación de la ciencia y tecnología en el sector privado, los apoyos directos son posiblemente preferibles a los apoyos indirectos, tales como recursos reembolsables devueltos después de una valoración de las actividades realizadas.

El Presidente Fox asumió el compromiso de incrementar los fondos dedicados a la CyT hasta que éstos alcancen el uno por ciento del PIB al final de su administración. Ello constituye un reto formidable para el gobierno y las comunidades científicas, tecnológicas y empresariales, ya que es necesario generar infraestructura material y recursos humanos calificados. Las estrategias a seguir formarán parte del Programa Especial de Ciencia y Tecnología que por ley tiene que elaborar el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Para lograr este objetivo es indispensable construir una estructura sólida y coherente de CyT con la participación de todos los actores, donde unos serán generadores y otros usuarios del conocimiento. El conocimiento es útil a los científicos; a maestros para actualizarse en su disciplina y transmitir nuevas ideas a sus estudiantes; al gobierno para resolver muchos de los problemas que agobian a la sociedad; a los industriales para fabricar productos de mejor calidad, menos contaminantes y más competitivos; y a la sociedad en general para entender el mundo que la rodea y en base a ello llevar una vida más plena. Es por lo tanto a la sociedad a quien corresponde la responsabilidad del cómo se debe de usar el conocimiento emanado de los recursos públicos.

* El autor es coordinador general del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República, y el texto anterior lo presentó en el Seminario Internacional sobre Investigación y Desarrollo en la Reforma Fiscal, que se llevó a cabo en la ciudad de México.

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