![]() |
| Periodismo de Ciencia y Tecnología. Febrero 2001 |
|
|
El cáncer, una enfermedad silenciosa
El cáncer es una enfermedad ocasionada por células del organismo que pierden sus mecanismos normales de control y presentan un crecimiento desordenado. Estas células pueden desarrollarse a partir de cualquier tejido u órgano, y a medida que crecen y se multiplican, invaden órganos adyacentes hasta propagarse por todo el cuerpo. Su extensión en otras zonas se debe a un efecto de metástasis, es decir, la diseminación de células cancerosas a través de la sangre o del sistema linfático. Nadie sabe con seguridad cómo una célula normal se vuelve cancerosa, pero los científicos están de acuerdo en que algunas personas desarrollan cáncer como resultado del contacto prolongado con uno o más de los agentes llamados carcinógenos: iniciadores y promotores. Un agente iniciador sería el tabaco, que combinado con bebidas alcohólicas promovería el cáncer en la boca, garganta y posiblemente el hígado. El siguiente paso, es la "promoción", donde una célula que ha iniciado su proceso se vuelve cancerígena. El cáncer no es contagioso, y a diferencia de otras enfermedades crónicas es posible curarlo si se detecta a tiempo. Si bien, las causas que originan el cáncer no se conocen totalmente, se ha encontrado que ciertos factores genéticos, hereditarios y del medio ambiente aumentan la probabilidad de desarrollarlo en algún momento. Factores de riesgo generales Se ha comprobado que algunos tipos de cáncer se presentan con mayor frecuencia en miembros con antecedentes familiares. Por ejemplo, el riesgo de presentar cáncer de mama aumenta de 1.5 a 3 veces cuando la madre o la hermana lo padecieron. Las personas con síndrome de Down, por su parte, tienen de 12 a 20 veces más probabilidades de desarrollar leucemia aguda (cáncer de los glóbulos blancos de la sangre) en comparación con la población en general. Asimismo, la exposición prolongada de una persona a diversos ambientes como los rayos solares, radiación y sustancias químicas también contribuyen a la aparición del mal. Existen, cánceres que son originados por agentes virales, tales son los casos del papiloma humano, que produce verrugas genitales y es la principal causa de cáncer cérvico-uterino en las mujeres; del citomegalovirus, causante del sarcoma de Kaposi (cáncer en los huesos); o el virus de la hepatitis B, que lo provoca en el hígado. La edad también es un factor importante en el desarrollo del padecimiento. En México, las personas mayores de 65 años tienen más probabilidades de padecer cáncer de próstata, estómago y colon, aunque algunos estudios demuestran que el riesgo de contraer esta enfermedad se duplica cada cinco años a partir de los 25. La lista de enfermedades cancerígenas es sumamente extensa, pues casi todos los órganos del cuerpo lo pueden presentar. No obstante en México, el cáncer cérvico-uterino, mama y próstata son los más prevalentes. El cérvico-uterino El cáncer cérvico-uterino (CaCu) es la primer causa de muerte en las mujeres mexicanas mayores de 35 años, y estudios han demostrado que el virus del papiloma humano (VHP) es el principal agente etiológico de la enfermedad. Se denomina cérvico-uterino porque las células cancerosas son localizadas en el cuello del útero y el cérvix, órganos donde se desarrolla el feto y tiene conexión la vagina. Este tipo de cáncer suele crecer lentamente por un periodo de tiempo, y antes de que se desarrolle, en el tejido del cuello uterino empiezan a aparecer células anormales, proceso conocido como displasia. En una segunda fase, el cáncer logrará diseminarse fuera del cuello, para posteriormente invadir órganos como vagina, vejiga y recto. Los síntomas iniciales más frecuentes son las hemorragias que se presentan después de la menopausia, flujo vaginal de color rojo amarillento, dolores abdominales, problemas urinarios o sangrados abundantes e irregulares en mujeres que todavía están menstruando. También es posible que no se presente ningún síntoma hasta que la enfermedad se encuentre en etapas avanzadas, por eso es importante la realización periódica de la prueba de Papanicolau, examen indoloro mediante el cual se obtiene una muestra de tejido del cuello uterino (exudado). Si el resultado de éste examen es positivo, la paciente tendrá que hacerse una tomografía (utilización de rayos X rotatorios para obtener imágenes de órganos y tejidos) que determinará si el mal se ha diseminado. Existen varios métodos de tratamiento que siempre dependerán de la etapa en que se encuentra el padecimiento, la edad del paciente, su estado de salud y el deseo de tener hijos. El procedimiento más usado es la histerectomía, cirugía que extrae el útero y en ocasiones las trompas de falopio, ovario y ganglios linfáticos adyacentes. Otra opción es la radioterapia que consiste en aplicar fuertes dosis de rayos X para reducir los tumores; y la quimioterapia, en donde se usan medicamentos que eliminan las células malignas, sobre todo después de la operación. Algunos médicos utilizan hormonas (progestágenos) que también reducen el tamaño del tumor y su crecimiento. Para que una mujer tenga mayores posibilidades de contraer cáncer cérvico-uterino, los especialistas señalan como factores de riesgo: haber tenido relaciones sexuales o embarazos a temprana edad, tener múltiples parejas, presentar infecciones vaginales frecuentes (tricomas, herpes u otros) y ser mayor de 30 años. Cáncer de mama o seno Este tipo de cáncer puede originarse en las glándulas mamarias, lóbulos y lobulillos, conductos y tejido adiposo. Al padecimiento originado en los lóbulos y lobulillos se le nombra cáncer lobular, y es este tipo el que más afecta a los dos senos. Sin embargo, el cáncer más común en las mujeres es el de los conductos (ductal) manifestándose como una bolita en la mama detectada mediante la autoexploración o por medio de una mamografía, (radiografía especial que encuentra tumores demasiado pequeños para ser percibidos al tacto). Aunque cada tipo de cáncer avanza de manera distinta, los síntomas son regularmente los mismos: presencia de bulto diferente al tejido mamario, inflamación, piel rugosa, cambios en la forma del seno, hundimiento del pezón y secreciones con sangre. Cuando la paciente tiene esta sintomatología, el médico procederá a realizar una biopsia, que consiste en extraer tejido para ser observado al microscopio. Si el estudio indica que hay cáncer, es importante que la mujer se haga el análisis de Receptores de Estrógeno y Progesterona (REP), ya que determina el efecto de las hormonas en el crecimiento de las células. Existen varios tipos de tratamiento que combaten el cáncer de seno, pero generalmente se recurre a la cirugía para extraer el tumor; en algunas ocasiones sólo es necesario quitar una parte de tejido mamario, y en otras, tal vez sea factible extirpar la mama completamente (mastectomía). No obstante cuando el carcicoma es grande, el especialista usará quimioterapia y prescribirá tratamientos hormonales. Actualmente se están evaluando en pruebas clínicas la terapia biológica (uso de sistemas inmunitarios para acabar con el cáncer), transplante de médula ósea y células madres periféricas sanguíneas. Las probabilidades de tener cáncer de mama aumentan cuando la mujer es mayor de 60 años, ha tenido antecedentes familiares, nunca se ha embarazado, su primer embarazo fue después de los 30, y se ha sometido al uso prolongado de anticonceptivos o terapia hormonal en la menopausia. Cáncer prostático El cáncer prostático deviene cuando se desarrollan células cancerígenas en la próstata, glándula masculina situada enfrente del recto y debajo de la vejiga, cuya función es producir el semen que alimenta y protege a los espermatozoides. Este tipo de cáncer afecta con frecuencia a hombres mayores de 40 años, aunque también puede presentarse en individuos de menos edad. A medida que pasan los años, la próstata puede aumentar de tamaño y bloquear la uretra o la vejiga, pudiendo causar dificultad para orinar o interferir con las funciones sexuales. Este trastorno se llama Hiperplasia Prostática Benigna (BPH) y aunque no es un cáncer, quizás el paciente necesite someterse a una cirugía para corregirlo. Los síntomas de la BPH pueden ser similares a los del cáncer prostático, por lo que se deberá acudir al médico si se tienen las siguientes molestias: flujo débil o interrumpido de la orina, micción frecuente --especialmente en la noche--, ardor, sangrados, dolores de espalda, caderas y pelvis. A menudo, el cáncer de la próstata no presenta síntomas, por lo que muchos hombres acuden al médico cuando éste se encuentra en estado avanzado o se ha diseminado a otras partes del cuerpo. El mejor método de diagnóstico consiste en hacer un examen rectal con el dedo y un análisis de sangre una vez al año. En el examen rectal el médico toca la próstata y si palpa un bulto en la zona o en sus periferias, es posible que el paciente tenga cáncer. Con el análisis de sangre se mide una sustancia llamada Antígeno Específico Prostático (AEP), que aumenta en personas con dicho padecimiento. El AEP es un excelente marcador de progresión de la enfermedad y tiene un 90 por ciento de eficacia en su detección. A su vez, existen otros métodos para determinar con seguridad la etapa en que se encuentra el cáncer, entre ellos están: la biopsia con anestesia; el ultrasonido transrectal, la tomografía para detectar posible enfermedad ganglionar pélvica; y centellografía ósea. Cuando el cáncer se encuentra en la próstata puede extirparse con cirugía o usar radioterapia, y en casos extremos se recomienda la castración (orquiectomía). Entre los factores de riesgo para desarrollar la enfermedad se encuentran, el antecedente genético de padre o hermano con cáncer de próstata o madre con cáncer de mama; la ingesta alta de grasas animales en la dieta, y niveles altos de colesterol. Asimismo, no se ha comprobado ninguna asociación con actividad sexual, número de parejas o enfermedades infecciosas, pero existen algunos reportes que mencionan cierto riesgo en personas con antecedente de vasectomía. Si se logra diagnosticar la enfermedad cuando se encuentra confinada a la próstata, la sobrevida de los pacientes será la misma que para un sujeto sano, de ahí la importancia del diagnostico oportuno y el tratamiento curativo. |