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Periodismo de Ciencia y Tecnología. Marzo 2000 

 

La biopiratería de un frijol

 

La empresa POD-NERS L.C.C. de Estados Unidos inició una acción legal en perjuicio de agricultores mexicanos de frijol, argumentando que los frijoles mexicanos (Phaseolus vulgaris) actualmente vendidos en ese país, están infringiendo una patente de su propiedad sobre una variedad de frijol amarillo.

La variedad "Enola" patentada por Pod-ners es de origen mexicano y proviene de los frijoles "azufrados" o "mayocoba". El presidente de la empresa los compró en ese país en 1994. Este tipo de frijol amarillo ha sido cultivado en México por siglos, adaptado y desarrollado por generaciones de campesinos y recientemente por fitomejoradores mexicanos.

El año pasado la Fundación Internacional para el Progreso Rural (RAFI, por sus siglas en inglés) publicó un informe titulado "Errores de los Fitomejoradores" donde documenta 147 casos de biopiratería institucional. En opinión de RAFI, la patente sobre "Enola" es un caso claro de biopiratería. Y confirma que el sistema de propiedad intelectual es depredador de los derechos de los agricultores, las comunidades campesinas y los pueblos indígenas.

Antecedentes

En 1994, Larry Proctor, propietario de una pequeña empresa de semillas y presidente de Pod-ners compró un paquete de semillas comerciales de frijol en Sonora, México, y se las llevó a Estados Unidos. Del paquete seleccionó los amarillos, los plantó y los dejó autofecundarse, posteriormente escogió semillas de varias generaciones de las mismas plantas hasta que consiguió lo que describe como una "población uniforme y estable" de frijoles amarillos. El 15 de noviembre de 1996 solicitó una patente, apenas a dos años de haber comprado las semillas en México.

El 13 de abril de 1999 le fue otorgada la patente número 5,894,079 sobre lo que llamó la variedad "Enola". Esta cubre cualquier variedad de frijoles comunes cuyas semillas sean de un determinado matiz amarillo. Pod-ners reclama que es ilegal en Estados Unidos que cualquiera, venda, ofrezca a la venta, haga o use para cualquier propósito, incluyendo como comestible o para propagación, o que importe frijoles amarillos con esa descripción.

En mayo de 1999 Proctor obtuvo un Certificado de Derechos de Obtentor en EU (US-PVPC número 9700027) que cubre el frijol Enola. En este se declara que los granos cosechados de esa variedad tienen "un color distinto que no es similar a las semillas de ninguna otra que se esté produciendo en los Estados Unidos".

A finales de 1999, ya con el certificado de derechos de obtentor y la patente, Proctor abrió una acción judicial contra Tutuli Produce (Nogales, EU) y Productos Valle Verde (Jalisco, México), --ambas empresas que compran frijol amarillo de productores mexicanos y los venden en el país norteamericano--, argumentando que estaban realizando infracciones contra su patente monopólica.

Al respecto Rebecca Gilliand, presidente de Tutuli Produce explica "al comienzo creí que se trataba de una broma. ¿Cómo podía ser que [Proctor] inventara algo que los mexicanos han cultivado por siglos?". Tutuli Produce es el mayor comprador de dos variedades de frijol amarillo mexicano ("peruano" y "mayocoba") producidas por la Asociación de Agricultores de Río Fuerte, en México.

Pod-ners pide que se le pague en concepto de regalías, seis centavos de dólar por cada libra de frijol amarillo que entre de México a Estados Unidos. Según Gilliand, debido a los cargos por infracción de patentes, los funcionarios de aduanas del vecino norteamericano están inspeccionando los transportes de frijoles en la frontera México-EU, tomando muestras de cada saco, con costos adicionales para su compañía. Y por los cargos de infracción de patentes ya están perdiendo clientes, que son un mercado importante para los campesinos mexicanos.

México defiende su patrimonio de frijoles

Los frijoles son la fuente principal de proteínas vegetales consumidas por los mexicanos y uno de sus alimentos básicos. Los frijoles "azufrados" amarillos son muy populares en la región nordeste, donde los consume un 98 por ciento de la población.

Como reacción ante la apropiación de germoplasma mexicano y los intentos legales de bloquear la exportación de frijoles a los Estados Unidos, el gobierno mexicano anunció a principios de enero que haría juicio contra la patente estadunidense sobre la variedad "Enola". El juicio contra esta patente costaría aproximadamente 200 mil dólares.

El Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) realizó recientemente un análisis de ADN de la variedad "Enola", cuyos resultados muestran que es genéticamente idéntica a una de frijol azufrado del Instituto.

Nada nuevo

Larry Proctor, declara en su solicitud de Certificado de Obtentor, Proctor "el frijol amarillo "Enola" es lo más parecido a una variedad local de los agricultores mexicanos del tipo de los llamados "azufrados". En su solicitud de patentes explica la compra de frijoles comerciales en México, su plantación en Colorado (EU) y selección durante varios años, pero argumenta que Enola es única por su tono amarillo y porque no se había cultivado en EU.

Expertos en la materia no están de acuerdo, según el profesor James Kelly, mejorador de frijoles de la Universidad del Estado de Michigan y presidente de la Cooperativa de Mejoradores de Frijol, la patente de Enola es "inapropiada, injusta y no se basa en hechos ni evidencias científicas." Agregó, "el color amarillo que se describe en la patente es típico de los frijoles amarillos que se han cultivado por siglos en México. Estos son ampliamente conocidos en ese país y sus nombres comunes son, entre otros, Mayocoba, Azufrado, Peruano, Canaria, Canario. Casi todos nombres que sugieren la asociación con el color amarillo".

Hay una amplia documentación en las bases de datos de los bancos de genes, donde se menciona que las variedades comúnmente conocidas como azufrado, canario y peruano son recolectadas en México por sus agricultores. En una búsqueda inicial que RAFI realizó en esas bases de datos, se encontró que muchas accesiones de variedades identificadas con estos nombres están incluidas en las colecciones del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT -Cali, Colombia) y prácticamente todas están designadas como materiales "en fideicomiso".

De acuerdo a los términos del acuerdo que se realizó en 1994 entre el Grupo Consultivo de Investigación Agrícola Internacional (del cual CIAT es parte) y la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los materiales en fideicomiso son del dominio público y no pueden ser objeto de ningún reclamo de propiedad intelectual.

James Kelly rechaza la afirmación de que los frijoles amarillos patentados no eran conocidos en Estados Unidos antes de 1994. Tiene evidencias documentadas de que frijoles similares a Enola (todos de origen mexicano) fueron cultivados y consumidos ahí desde 1930. Asimismo, cuestiona la validez técnica del trabajo de selección y mejoramiento que se describe en la patente sobre Enola.

"A nivel científico, se podría levantar una apelación al procedimiento que han utilizado, por no ser único, ya que las plantas de frijol son autógamas (se autofecundan) en gran medida y los inventores simplemente cultivaron semillas homocigotas de frijol amarillo, de una mezcla de semillas que se autofecundó para reproducirse. No se inventó nada único y éste es un procedimiento de rutina de los agricultores de frijol para mantener la pureza de sus reservas genéticas y sus variedades. Los "inventores" declaran que "se obtuvo como resultado una población segregada", esto es incorrecto. Simplemente observaron diferentes plantas y tipos de semillas, ya que partieron de una mezcla de diferentes frijoles con diferencias morfológicas, fenotípicas y en el color de sus semillas. Esto no es una población segregada, como podría resultar de una polinización cruzada. El simple cultivo y separación de un tipo específico por color de semillas difícilmente puede implicar ninguna novedad o invención.

"Todo lo que Proctor hizo" señala Kelly a RAFI, "fue multiplicar algo que ya existía. No hay nada único en ninguna acepción de la palabra. Patentar un color es una absoluta herejía".

La patente

La patente de frijoles Enola es moral y técnicamente inaceptable. Es trágico que México se vea forzado a malgastar recursos económicos escasos para apelar una patente que nunca debió haberse concedido. Resulta difícil determinar quien está más en falta: si los dueños de la patente que reclaman que los frijoles mexicanos están infringiendo su patente exclusiva sobre semillas de origen mexicano, o los examinadores de la Oficina de Patentes de Estados Unidos que determinaron que Proctor pudiera obtener una patente de monopolio exclusivo sobre estas bases.

Funcionarios de industrias y oficinas que otorgan derechos de obtentor desde Canberra a Ginebra, rechazaron los cargos argumentando que los abusos a través de los sistemas de propiedad intelectual, son casos remotos y aislados. La realidad es que la patente Enola es un caso comprobado de una larga lista de abusos de "biopiratería sistémica".

La controversia sobre Enola ilustra claramente los peligros de la patente sobre formas de vida, y el poder de los monopolios de patentes para bloquear las importaciones agrícolas, para dificultar o destruir las posibilidades de mercados de exportación de los agricultores del Tercer Mundo, y para apropiarse legalmente del control sobre los alimentos básicos y las plantas medicinales, incluso sagradas, que representan la herencia cultural milenaria de muchos pueblos. Es de esperar que la patente Enola sea fácilmente apelada, revocada y abandonada. Pero la próxima vez puede no ser tan simple. El dueño de la patente podría ser una poderosa multinacional con bolsillos más grandes y una flota de abogados.

México y otras naciones del Sur deberían recordar que la patente de Enola es un producto del régimen de propiedad intelectual que el gobierno de los Estados Unidos está promoviendo agresivamente como modelo para el resto de mundo, a través de canales bilaterales o multilaterales. En la Organización Mundial de Comercio (OMC), los Estados Unidos empujan persistentemente por el establecimiento de sistemas de protección de la propiedad intelectual más fuertes y restrictivos en las cláusulas de los acuerdos ADPIC (Aspectos de Propiedad Intelectual relacionados al Comercio). Es una ironía que México y otros gobiernos reaccionen ante estos hechos de biopiratería lanzándose a recurrir a sus propios sistemas de patentes y derechos de obtentores para cada variedad vegetal a la vista. Al hacerlo, sólo aumentan los mismos sistemas de propiedad intelectual depredadores y que minan los derechos de los agricultores a guardar semillas, promueven la uniformidad genética y amenazan la seguridad alimenticia.

Artículo publicado con información y autorización de la Fundación Internacional para el Progreso Rural (RAFI)

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