Al ser la primera institución en el mundo en especializarse en la atención y estudio de los problemas médicos cardiacos, el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez surgió como una entidad de vanguardia que mantiene hasta la actualidad esa visión. Sus aportes van desde la formación de recursos humanos de alta especialidad y estudios científicos en diversas áreas, hasta desarrollos tecnológicos de última generación como las válvulas cardiacas para reemplazo.

Sobre estas últimas, el Instituto trabaja en ellas desde la década de 1970 debido al alto costo que representan las opciones comerciales para los pacientes (hasta 2 mil 500 dólares), que en su mayoría son personas con limitaciones económicas y sin seguridad social. A partir de entonces, hemos logrado la formación de personal especializado en la fabricación de válvulas con recursos técnicos propios, y ahora contamos con un Departamento de Bioprótesis donde se investigan y desarrollan materiales para la manufactura de éstos y otros insumos para la cirugía cardiaca.

En los últimos años, la tendencia mundial es el uso de válvulas cardiacas biológicas y reducir el de las mecánicas; las primeras están fabricadas con materiales de origen animal con mayor compatibilidad con el organismo humano, en comparación a las llamadas válvulas mecánicas. En el caso de las hechas por el Instituto, empleamos pericardio bovino debido a que este tejido facilita su funcionamiento, y en los últimos años hemos trabajado también en dotarlas de un sistema de anticalcificación que alargue su vida útil al menos hasta por 20 años.

Son más de cuatro mil las válvulas biológicas que el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez ha fabricado y colocado con éxito hasta el momento, dándole el seguimiento correspondiente a los pacientes intervenidos.

Por ahora, el Instituto es la única opción pública que implanta mayoritariamente válvulas biológicas, ya que instancias como los institutos Mexicano del Seguro Social (IMSS) y de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) aún instalan al menos 90 por ciento de válvulas mecánicas de importación, que requieren de mayores cuidados de los pacientes por el uso obligado de anticoagulantes, y esto es un riesgo elevado para ellos por la posibilidad de complicaciones.

Si bien el Departamento de Bioprótesis cuenta con la infraestructura necesaria para satisfacer las necesidades de válvulas del Instituto, también es cierto que podría parcialmente surtir a otras dependencias de servicio médico, y lo más importante, es que se podría emplear el conocimiento adquirido para crear un laboratorio nacional y una planta dedicados a la investigación, desarrollo y producción de prótesis cardiacas para beneficiar a la población mexicana.

Un dato relevante es que se estima que el país requiere de 45 mil operaciones cardiacas al año, de las cuales una tercera parte serían valvulares, por lo que el proyecto de creación de un laboratorio y una planta de prótesis cardiacas parece ser una inversión indispensable.

Dr. Alejandro Juárez Hernández, Departamento de Bioprótesis del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez


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