31 Enero 2012
Pese a que en nuestros días el término “comunicación celular” nos remite al uso de teléfonos móviles, en realidad las células de los seres vivos se transmiten información y de ellas dependen las funciones de sus organismos.
Esta ha sido la línea de investigación a lo largo de 20 años de la doctora Gilda Flores Rosales, del Departamento de Ciencias Biológicas de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sus objetivos han sido tan variados que ha podido entender el mecanismo de acción de células cancerígenas, así como explicar bioquímicamente qué es el amor en el cuerpo humano.
El estudio de la comunicación celular se lleva a cabo de manera formal desde el siglo XVIII, con los primeros intentos de aplicación de la Medicina Homeopática, pues se hizo imperativo encontrar el mecanismo de recepción de sustancias externas por la estructura celular, para incidir en la salud del ser humano.
La doctora Flores Rosales señala que desde la década de los 50 del siglo XX, los farmacólogos saben que los productos insolubles en agua van a pasar directamente a las membranas (capas protectoras) celulares, y los solubles serán recibidos por receptores, los cuales impedirán el acceso. “Desde entonces, y ahora con mayor insistencia, se trabaja mucho en obtener fármacos que sean aceptados por los receptores para, por ejemplo, dirigirse a órganos específicos y atacar sólo a las células dañinas sin afectar a las sanas; se insiste en muchas investigaciones en productos para cáncer que no causen afectaciones como lo hace la quimioterapia”, añade la investigadora.
Cuando una célula es capaz de enviar una señal y modificar el comportamiento o la función de otra cercana o muy lejana, se reconoce como comunicación celular. Así, una de ellas emite una sustancia al medio y ésta viaja hasta llegar a otra célula donde encuentra un receptor que es capaz de reconocerla químicamente, entre muchas otras.
Una vez que la señal ha sido recibida se sintetiza una segunda sustancia llamada segundo mensajero que desata la cascada de reacciones al interior.
La académica de la FES Cuautitlán detalla un ejemplo de comunicación celular: al ser fecundado el óvulo se va dividiendo paulatinamente en células, las que son comunes (diferenciadas) se agrupan para formar tejidos, luego órganos y después sistemas; cuando una de ellas no se agrupa se llama indiferenciada y después de muchos años puede accionar de manera diferente a las normales y potencialmente transformarse en célula cancerosa.
“Se sabe que los seres humanos producimos todos los días alrededor de 100 mil células indiferenciadas, pero el sistema inmune (que nos brinda protección) las destruye; sin embargo, cuando éste se debilita y deja una viva, empieza el riesgo de desarrollar células dañinas. Entonces, todos podemos tener células potencialmente cancerosas, de modo que no debemos dejar debilitar al sistema inmune”, puntualiza la doctora Gilda Flores Rosales.
La especialista en Bioquímica agrega que mucha gente piensa que la célula cancerosa contagia a la de al lado y de esa forma prolifera, pero es un concepto erróneo; “sucede que la célula indiferenciada no es igual y no tiene las características de la diferenciada y se divide sin fin, y como no tiene una especialización puede viajar por la sangre o por el sistema linfático y reconocer a otras que hayan tenido el mismo origen embrionario y adherirse a ellas para afectar al órgano en el que se encuentren; nuevamente es una manifestación de comunicación celular”.
Actualmente La doctora trabaja en la transducción de las señales que dan los virus, por ejemplo, los microorganismos que afectan a las plantas o animales y no dañan a los humanos; “se trata, entonces, de estudiar el sistema de selección y cómo entran por receptores, lo cual dará pie a nuevos fármacos más dirigidos”.
El amor entra por la nariz
Si bien se reconoce que el mecanismo de comunicación celular está en cualquier función orgánica, su estudio por parte de la doctora Gilda Flores Rosales permite una explicación bioquímica del enamoramiento en los seres humanos.
Los mamíferos, incluido el hombre, segregan feromonas, sustancias químicas que estimulan el deseo sexual, y que (por medio del olfato) son percibidas por los animales de su especie a través del órgano vomeronasal, ubicado en la nariz.
La investigadora de la UNAM explica que las relaciones humanas se basan en cómo se comunican las células de los individuos. Las feromonas son susceptibles de ser percibidas, si son reconocidas por el órgano vomeronasal se vendrá una cascada de reacciones químicas y emociones.
“En los animales con el apareamiento se cumple con una de las leyes de la naturaleza que es la reproducción; a través de las feromonas que ingresan por la nariz, la hembra selecciona al macho con los mejores genes para la copule. En los humanos, el olfato es el sentido que se usa desde el vientre materno, de manera que los bebés al nacer no oyen bien, no ven nada, no tienen gusto y su tacto no es fino, y al sentirse inquietos pueden reconocer a la madre a través de su aroma y recuperar la calma”, detalla la doctora Flores Rosales.
Lo que románticamente se conoce como el flechazo de Cupido en una relación de dos personas, tiene una explicación bioquímica: el órgano vomeronasal detecta a la feromona y envía una señal al tálamo (en la base del cerebro), el cual indica que se produzca feniletilamina (neurotransmisor de efecto estimulante), y con ello se inicia una cascada de químicos y emociones; el cerebro también genera otras sustancias que inciden en el comportamiento, como norepinefrina, dopamina, serotonina, endofinas y más.
En la medida en que la cadena empieza a accionar, la persona suda, se entorpece el habla y el equilibrio, falta el oxígeno en la respiración, se acelera el ritmo cardiaco al grado que puede llegar a oírse, de ahí que se diga que es una sensación en el corazón; por si fuera poco, la visión se nubla, se afecta el oído momentáneamente, se activa el sistema digestivo y se sienten “mariposas en el estómago”. Esto es lo que mucha gente explica como el enamoramiento.
No obstante, de acuerdo a la científica de la UNAM, el sistema biológico en los humanos entra en conflicto por acción de la parte gris del cerebro, que es donde se realiza el aprendizaje de las cosas, así como el juicio y el razonamiento. El efecto en lo que se sintió momentos antes empieza a ser pensado y de ahí se derivan todo tipo de decisiones que pueden marcar el rumbo de la pareja.
La doctora Gilda Flores indica que se han encontrado 48 feromonas en humanos, y que cada persona puede tener una mezcla de ellas, lo cual nos hace diferentes.
Raúl Serrano
















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