El empleo de plantas medicinales para el tratamiento de diversas enfermedades data de hace siglos. De acuerdo a la evidencia documental de la medicina antigua, las plantas han sido empleadas en forma de tinturas, infusiones, emplastos, polvos y otras formulaciones herbales.

El descubrimiento de compuestos bioactivos a partir de plantas medicinales involucra diversas áreas del conocimiento. Típicamente, el proceso inicia con los botánicos, etnobotanico y ecólogos, quienes identifican especies de plantas han demostrado tener actividad biológica, sin que los compuestos que proveen esta actividad hayan sido aislados y/o identificados. A esto se le conoce como Remedio Herbolario, como lo denomina el Reglamento de Insumos para la Salud.

Posteriormente aparecen los expertos en fitoquímica, quienes se encargan de la preparación de extractos del material vegetal y llevan a cabo una serie de estudios para determinar la relevancia farmacológica de los mismos, y finalmente desarrollan técnicas analíticas para aislar y caracterizar los compuestos bioactivos, dando así respuesta a la necesidad de una terapéutica estandarizada.

Esta necesidad surge para asegurar la autenticidad, calidad, seguridad y eficacia de los Medicamentos Herbolarios, que a diferencia de los Remedios Herbolarios, son definidos por la Ley General de Salud como productos elaborados con material vegetal o algún derivado de este, cuyo ingrediente principal es la parte aérea o subterránea de una planta o extractos y tinturas, así como jugos, resinas, aceites grasos y esenciales, presentados en forma farmacéutica, cuya eficacia terapéutica y seguridad ha sido confirmada científicamente en la literatura nacional o internacional.

Existen diversas limitantes asociadas a la identificación de compuestos bioactivos derivados de plantas. Por ejemplo, una planta medicinal puede no ser considerada como tal debido a que el compuesto activo no se presenta en concentraciones adecuadas en la muestra de estudio debido a que el tejido es inadecuado o a que no ideal para la producción del metabolito, entre otras cuestiones.

La Biotecnología vegetal se presenta como una herramienta esencial en el proceso de descubrimiento, aislamiento e incluso producción de compuestos bioactivos a partir de las plantas.

Dentro de las familias de técnicas más empleadas en Biotecnología vegetal se incluyen: la identificación, aislamiento y caracterización de genes, así como la obtención de variantes de genes; el cultivo de tejidos (protoplastos, células, órganos y plantas completas), a través del cual se logra la obtención de plantas libres de parásitos en un medio nutritivo aséptico y en condiciones ambientales controladas; la transformación genética de plantas, que hace posible la generación de plantas con el potencial genómico para la síntesis biológica de los fitofármacos o compuestos de interés; la identificación de marcadores moleculares, que detecta diferencias o semejanzas, analizar la diversidad genética, controlar la calidad de productos y procesos y asistir al fitomejoramiento convencional.

Más recientemente ha surgido la genómica, que permite conocer las variaciones que existen dentro de una población específica; la proteómica, mediante la cual se conocen las proteínas expresadas por una planta en un estado particular y bajo determinadas condiciones; la metabolómica, para el rastreo de rutas metabólicas, desde las moléculas señal, intermediarios y metabolitos secundarios que se pueden encontrar en las plantas a determinadas condiciones; y la bioinformática.

Las plantas han demostrado ser una fuente importante de diversos compuestos bioactivos, dentro de los cuales se pueden encontrar compuestos con actividad anticancerígena, anti-infecciosa, anti-inflamatoria, cardiovascular, metabólica y con efectos en el sistema nervioso central, entre otros. Algunos ejemplos de compuestos bioactivos son: el cultivo de tejidos para la propagación Caranthus roseus, planta endémica de Madagascar de la cual se obtiene los alcaloides de la vinca (vinblastina y vincristina), empleados para el tratamiento de diversos tipos de cáncer; la transformación genética de Artemisa annua, planta empleada en la medicina tradicional China, para incrementar la producción de artemisinina, a partir de la cual se obtiene el arteméter (Coartem®), potente antipalúdico.

La cantidad de plantas medicinales de las que se posee información es muy amplia, por lo que no será remoto que se explote este conocimiento con ayuda de la biotecnología.

Laura Almanza, Ingeniera Bioquímica Industrial por UAM y Maestra en Administración Industrial. Actualmente colabora en la Coordinación de Innovación y Desarrollo de la UNAM como Coordinadora de Transferencia de Tecnología.

 


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