La agresividad de un tumor

La innovación tecnológica utilizada para mejorar sus diagnósticos y el interés mostrado por la iniciativa privada y el sector gubernamental en torno a programas de detección, denotan la importancia que en la actualidad tiene el cáncer de mama, uno de los de mayor incidencia a nivel mundial entre las mujeres.

Parte de ese efecto se debe a que del total de muertes relacionadas con los tumores malignos, más del 13 por ciento las genera este tipo de cáncer, que también coincide con ser el de mayor prevalencia en México.

De acuerdo con la doctora Claudia Arce Salinas, investigadora en ciencias médicas del Instituto Nacional de Cancerología (Incan), esa relevancia que en los últimos años ha mostrado el cáncer de mama también tiene que ver con los mayores resultados que brindan las terapias para combatirlo, por lo que resaltó la importancia de la detección temprana de estos tumores.

“El problema del cáncer, en general, es que no produce síntomas manifiestos hasta que se encuentra en etapas avanzadas. En el caso del de mama, las mujeres pueden tocarse protuberancias en el pecho, pero como no duele retrasan su atención médica, hasta que aparecen ulceraciones o sangrado en la mama”, comentó la especialista.

En ese sentido, un porcentaje importante de las mujeres considera que la mejor manera de detectar el cáncer de mama es a través de la llamada autoexploración, que consiste en una revisión palpable de ambos senos a fin de localizar bolitas en la región. Sin embargo, lo ideal es identificar el tumor antes de que sea tangible por las pacientes, y para ello se recomienda la aplicación de un estudio conocido como mastografía, el cual debe realizarse al menos una vez al año a partir de la cuarta década de edad o antes, en caso de tener antecedentes familiares con la enfermedad.

Una vez que es detectado el tumor, es preciso conocer de qué tipo se trata, a fin de administrar las terapias adecuadas para cada paciente. Así, las clasificaciones clínicas que se han dado al cáncer de mama lo dividen en tres categorías.

El primero es el conocido como HER positivo, que es el más agresivo de todos y tiene como principal característica las posibles recaídas en corto tiempo del paciente una vez que parece estar controlado. Otro tumor es el HER negativo, también llamado de hormona sensible, el cual no presenta tanta agresividad. Y finalmente se encuentra el triple negativo, con similares características agresivas que el primero.

En México, se estima que el 60 por ciento de los casos de cáncer de mama sean del tipo hormona sensible, los cuales tienen mejor pronóstico que sus contrapartes HER positivo y triple negativo, que entre ambos comparten el porcentaje restante.

En el caso del cáncer HER positivo, su agresividad está relacionada con la presencia de un receptor (HER) en la superficie de las membranas celulares, el cual genera el desarrollo acelerado de la neoplasia. “Todos tenemos ese factor de crecimiento, pues en estado normal ayuda a mantener el cabello, uñas y piel. Sin embargo, hay casos en los que se registra en sobreexpresión y ocasiona el desarrollo desproporcionado de las células, y en consecuencia del tumor”, explicó Arce Salinas.

Además, agregó que ese factor de crecimiento celular también se relaciona con las recaídas de los pacientes en corto tiempo, pues al continuar desarrollándose las células pasan información para presentar mayor resistencia a las diversas terapias médicas.

Uno de los tratamientos utilizados en la actualidad para inhibir la acción del receptor es un anticuerpo monoclonal conocido como trastuzumab, parte de las llamadas terapias biológicas que actúa en forma directa sobre el HER con la finalidad de quitarle a las células cancerígenas su estimulo de crecimiento.

“El tratamiento de cáncer de mama por lo general involucra todas las modalidades: cirugía radical o conservadora, quimioterapia (formacológica) y radioterapia (radiaciones) para las neoplasias de mayor tamaño o en casos de cirugía conservadora. Y en el caso del HER positivo, este tipo de medicamentos (trastuzumab) sirven de adyuvantes para que la quimioterapia pueda contener su desarrollo y mejorar la calidad de vida de las pacientes”, concluyó la especialista.

Héctor de la Peña

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